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July 13, 2016 0

Pokemon GO, A Popular Game with Some Troubling Consequences

pokemonThe Poké­mon GO app is a hybrid vir­tual and real world game.  The game’s objec­tive is to use a smart­phone to find, see and capture/collect vir­tual Poké­mon char­ac­ters. Many play­ers find the game highly engag­ing, enter­tain­ing and even addic­tive. Poké­mon char­ac­ters are appar­ently ran­domly dis­trib­uted on the game’s map, but can also be col­lected at “Poke­stops,” loca­tions in the real world based on points of inter­est as iden­ti­fied on Google maps. Play­ers can also cre­ate “gym­na­si­ums” and “lures,” which are typ­i­cally at  pub­lic places like parks, post offices and muse­ums, but these gym­na­si­ums may poten­tially be cre­ated in places like memo­ri­als, churches, tem­ples, mosques, syn­a­gogues, and schools where play­ing the game is inap­pro­pri­ate or offen­sive.  Play­ers tend to con­gre­gate where Poké­mon char­ac­ters can be col­lected and they can inter­act with other play­ers.  Like Google’s points of inter­est, the loca­tion of Poke­stops is not always pre­cisely accu­rate.  So, for exam­ple, a Poke­stop based on a Google map point of inter­est may be located in front of a reli­gious insti­tu­tion, but the Poke­mon char­ac­ter may be view­able on a smart­phone used inside the build­ing. ADL has received reports that Poké­mon char­ac­ters have appeared on phones inside the US Holo­caust Memo­r­ial Museum, out­side syn­a­gogues, at Auschwitz and at other loca­tions where play­ing a game is dis­re­spect­ful if not offen­sive.  The game is software-driven, and it is rea­son­able to assume the char­ac­ters are not placed in such loca­tions with any mali­cious intent.  It is likely that the appear­ance of Poke­mon char­ac­ters at the Holo­caust Museum and at Auschwitz is an unin­tended con­se­quence of the tech­nol­ogy dri­ving the app.  Once they learned of it, the author­i­ties at Auschwitz were right to tell peo­ple they can­not play the game there. Even though we do not believe the app’s devel­op­ers delib­er­ately chose inap­pro­pri­ate set­tings for the game, we would urge them to explore the pos­si­bil­ity of tak­ing steps proac­tively to restrict areas which are likely to cause offense, and to pre­vent the char­ac­ters for appear­ing in or near them.  In the mean­time, peo­ple who encounter offen­sive Poke­stops can visit the app’s sup­port page, which pro­vides infor­ma­tion about report­ing a prob­lem with a gym or Poke­stop.  There is no clear way to request that a loca­tion be removed, but there is a choice that says “dan­ger­ous Pokestop/gym” on the “rea­sons” drop-down menu.  One should be able to suc­cinctly pro­vide as much detail as pos­si­ble there, but at this time, it is unclear how effec­tive this process will be. While remov­ing prob­lem­atic loca­tions would be wel­come, there are also some broader soci­etal con­cerns regard­ing Poke­mon GO.  For exam­ple, there are risks related to game play­ers who are dis­tracted while mov­ing around.  It may also be prob­lem­atic that by play­ing the game, the player reveals his or her phys­i­cal loca­tion at any given time to the devel­oper.  While the game itself does not pose any inher­ent threat, it does raise ques­tions of per­sonal safety and secu­rity for play­ers who do not show good judg­ment.  Par­ents in par­tic­u­lar should under­stand that play­ing the game could pose some safety risks for their children.

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February 5, 2015 0

Lo que aprendimos de Auschwitz

Por Abra­ham H. Fox­man
Direc­tor Nacional de la Liga Antidifamación

Este artículo apare­ció orig­i­nal­mente en el blog de The Huff­in­g­ton Post

El sep­tu­agésimo aniver­sario de la lib­eración de Auschwitz, que se cel­e­brará el 27 de enero en el Día Inter­na­cional de Con­mem­o­ración en Memo­ria de las Víc­ti­mas del Holo­causto, llega en un momento en que algunos se pre­gun­tan: ¿está suce­di­endo nue­va­mente en Europa?

Cono­ce­mos la respuesta racional a esa pre­gunta. A pesar de la gravedad del resurgimiento del anti­semitismo en Europa, no hay com­para­ción con la Europa de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. En aquel entonces, un par­tido com­pro­metido con la destruc­ción del pueblo judío obtuvo el poder total en Ale­ma­nia y final­mente llegó a con­tro­lar casi toda Europa, per­mi­tiendo el asesinato sis­temático de 6 mil­lones de judíos y mil­lones de otras per­sonas en el Holocausto.

Hoy en día, los gob­ier­nos de Europa no apoyan el anti­semitismo; lo com­baten, aunque no siem­pre con sufi­ciente fuerza.

¿Si no es el Holo­causto —y, si no es útil com­pren­der los inmen­sos desafíos de hoy com­parán­do­los con el Holo­causto—, Auschwitz nos da alguna lec­ción hoy en día?

Yo diría que varias.

Primero está el papel de las ide­ologías de odio en la pro­duc­ción de com­por­tamien­tos vio­len­tos y anti­semi­tas. Aunque hoy los anti­semi­tas en Europa no con­trolan los gob­ier­nos, son capaces de mov­i­lizar a per­sonas com­pro­meti­das con la vio­len­cia sobre la base de nociones fan­tás­ti­cas sobre el mal de los judíos.

Joseph Goebbels, Min­istro de Pro­pa­ganda de Hitler, con­ven­ció a los ale­manes no sólo de odiar a los judíos sino tam­bién de creer que tenían que pro­te­gerse del mal­vado y todopoderoso judío que estaba enve­ne­nando el cuerpo político alemán. Tam­bién hoy, los extrem­is­tas islámi­cos —ya sea Al-Qaeda, ISIS, Hamas o Hezbolá— con­sid­eran al judío el ori­gen del mal en el mundo.

La Carta de Con­sti­tu­ción de Hamas no sola­mente hace un lla­mado a la destruc­ción de Israel; sostiene que los judíos son respon­s­ables de todos los males del mundo mod­erno desde la Rev­olu­ción Francesa.

Cuando Al-Qaeda decidió atacar el World Trade Cen­ter el 11 de sep­tiem­bre de 2001, fue sólo después de que con­sid­er­aran atacar obje­tivos judíos en Nueva York. Incluso el World Trade Cen­ter era visto como un obje­tivo par­cial­mente “judío”, ya que se con­sid­er­aba que los judíos con­trolan el com­er­cio mundial, según “Los pro­to­co­los de los sabios de Sión”.

Una vez se resuelve que los judíos son la fuente del mal, es casi una respon­s­abil­i­dad actuar con­tra ellos. Y así los ataques con­tra civiles judíos, que rep­re­sen­tan el mal en forma ordi­naria, se vuel­ven admisibles.

Debe­mos luchar con­tra esta ide­ología de odio. No debe­mos titubear al darle el nom­bre que merece y reunir a per­sonas de todas las reli­giones con­tra él.

Una segunda lec­ción es que la vergüenza por lo que el anti­semitismo pudo pro­ducir, que se man­i­festó con la apari­ción de las primeras fotografías de Auschwitz después de la lib­eración, es un impor­tante inhibidor del antisemitismo.

No cura al mundo de la enfer­medad del anti­semitismo —que está tan arraigada y sirve a muchos propósi­tos—, pero sí afecta el nivel y la inten­si­dad del com­por­tamiento antisemita.

El anti­semitismo no explotó como un fenó­meno durante décadas en parte debido a esta vergüenza. A medida que pasa el tiempo y la inmedi­atez del Holo­causto se desvanece, resulta más impor­tante que nunca desar­rol­lar nuevas y cre­ati­vas man­eras de trans­mi­tir a los jóvenes sus horrores.

Recuerdo que hace algunos años escuché a Rita Suss­muth, del Bun­destag alemán, hablando de la necesi­dad de crear nuevos y emo­tivos méto­dos para lle­gar a cada gen­eración de jóvenes que está más y más ale­jada de los acon­tec­imien­tos de la Segunda Guerra Mundial. Nunca debe­mos aban­donar la lucha para explicar lo que puede provo­car el antisemitismo.

Para mí, una ter­cera lec­ción es la íntima conex­ión entre el anti­semitismo y la salud de una sociedad democrática. Ya sea la expre­sión de que los judíos son el canario en la mina de car­bón o las famosas líneas del Pas­tor Mar­tin Niemöller sobre las con­se­cuen­cias de no enfrentarse a la mal­dad, Auschwitz no es sólo sobre los males del anti­semitismo sino tam­bién sobre cómo no con­tro­larlo invari­able­mente pone en peli­gro a toda la sociedad.

La lucha con­tra el anti­semitismo nunca debería con­sid­er­arse sola­mente como una lucha moral. Es una lucha prác­tica, como lo expresó con tanta elocuen­cia el Primer Min­istro Manuel Valls ante el Par­la­mento francés después de los ataques ter­ror­is­tas con­tra Char­lie Hebdo y el super­me­r­cado kosher.

¿Cómo -pre­guntó- podría la sociedad francesa no protes­tar y estar indig­nada cuando los judíos eran insul­ta­dos, cuando los ván­da­los vio­la­ban las insti­tu­ciones judías, cuando los man­i­fes­tantes inten­taron invadir una sin­a­goga? Su men­saje fue claro: Toda Fran­cia nece­sita pon­erse de pie y con fuerza cuando los judíos son ata­ca­dos. No sola­mente porque es lo cor­recto, sino porque es de vital impor­tan­cia para el bien­es­tar de la sociedad francesa.

El ataque crim­i­nal con­tra Char­lie Hebdo sigue inevitable­mente al asesinato de tres niños judíos en Toulouse. Los ataques con­tra los judíos en la Ale­ma­nia Nazi invari­able­mente lle­varon a los esfuer­zos de Hitler para dom­i­nar y esclavizar al mundo.

Entonces, el martes, mien­tras con­mem­o­ramos los 70 años de la lib­eración de Auschwitz y el Día Inter­na­cional de Con­mem­o­ración de las Víc­ti­mas del Holo­causto, la impor­tan­cia de saber lo que sucedió allí y trans­mitírselo a la sigu­iente gen­eración es más urgente que nunca.
Hoy, las ame­nazas con­tra los judíos son may­ores de lo que han sido desde aque­l­los días oscuros. Y esas ame­nazas, como lo enseña la lec­ción de Auschwitz, nos ame­nazan a todos nosotros.

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January 22, 2015 0

Bittersweet Freedom

“After Auschwitz, the human con­di­tion is not the same, noth­ing will be the same.“
– Elie Wiesel

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Credit: Yad Vashem

Jan­u­ary 27th marks the 70th anniver­sary of the lib­er­a­tion of Auschwitz Birke­nau Con­cen­tra­tion Camp by the Russ­ian army at the end of World War II.  For those who were able to sur­vive the hor­rors of Auschwitz, finally hear­ing the words “We’re free! We’re free!” echo­ing across the camp bar­racks must have seemed almost too good to be true. We often hear sto­ries of the ini­tial encounter between camp sur­vivors and the lib­er­at­ing army, recounted by one child sur­vivor, “They gave us hugs, cook­ies, and choco­late. Being so alone, a hug meant more than any­body could imag­ine because that replaced the human worth that we were starv­ing for. We were not only starved for food but we were starved for human kindness.”

Peo­ple rarely con­sider what hap­pened to the anti-Semitism that was at the root of the Holo­caust once the war ended. There is some­times an assump­tion that anti-Semitism ended with the war or that it was greatly dimin­ished. In fact, this is never the case when geno­cide occurs. The hatred and prej­u­dice still exist, but their man­i­fes­ta­tion is not always bla­tantly obvi­ous.  In the case of the Holo­caust, the world felt a col­lec­tive sense of shame in fac­ing the images of sur­vivors, which was a strong inhibit­ing force against the bla­tant expres­sion of anti-Semitism. Today, decades later and with new gen­er­a­tions ris­ing, the ero­sion of that sense of shame has become a key fac­tor in the surge of anti-Semitism. That’s why edu­ca­tion is more impor­tant now than ever.

After lib­er­a­tion, the sur­vivors of Auschwitz were free to walk out of the camp, and were essen­tially on their own to make their way back to their com­mu­ni­ties and learn if their for­mer homes and val­ued pos­ses­sions were still there.  Many of the young women who sur­vived the camp trav­elled together in small groups, some­times for long dis­tances. Sleep­ing in barns, sheds or out­side in the woods, they were fre­quent vic­tims of vio­lent sex­ual assaults from maraud­ing sol­diers, attacks from which some did not sur­vive. They were tar­geted for two rea­sons – because they were women and because they were Jewish.

The lib­er­a­tion of Auschwitz is clearly a crit­i­cally impor­tant event in the his­tory of the Holo­caust and one that should hold an impor­tant place in our col­lec­tive mem­o­ries.  But we also need to be mind­ful that anti-Semitism did not mag­i­cally dis­ap­pear with the lib­er­a­tion of the camps or the sign­ing of the peace treaties.  Today, anti-Semitism has reached to all-time highs across Europe and our mem­o­ries need to be tem­pered with a renewed vig­i­lance to con­tinue to fight anti-Semitism and all forms of prej­u­dice, from sub­tle stereo­types and Holo­caust “jokes” to vio­lent hate crimes against peo­ple per­pe­trated because of who they are.  Only then, will the man­date of “Never Again” become a reality.

How do we bring the lessons of the Holo­caust to stu­dents today in ways that are rel­e­vant to their lives?  The Anti-Defamation League pro­vides pro­grams and resources that help edu­ca­tors and stu­dents study the his­tory of the Holo­caust and apply its lessons to con­tem­po­rary issues of respon­si­ble cit­i­zen­ship, moral deci­sion mak­ing, prej­u­dice, hate, and geno­cide.  Teach­ers can inte­grate mul­ti­me­dia cur­ric­ula into their class­rooms through Echoes and Reflec­tions.

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